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Mi prima tenía un novio buenísimo y no iba yo a desaprovechar la oportunidad de gozármelo.

Yo tenía 21 años cuando esto sucedió; aunque mi prima Camila y yo tenemos el acuerdo de jamás "pedalearnos las bicicletas", es decir, quitarnos o pelearnos por los galanes, no pude resistir a ese mangazo.

Se llama Mauro, en ese entonces él tenía 27 años y Camila 22; lo conoció en su trabajo, era su compañero de área.

Como Camila es guapa y la verdad está muy buena, no fue difícil que Mauro se fijara en ella y ella en él, pues es un cuero de hombre, mide como 1.72, es delgado pero fuerte, de cabello negro y piel blanca igual que ella, aunque ella usa el cabello color claro y tiene un hermoso cuerpo, con unas curvas increíbles y unas piernas torneadas y muy bien formadas, tiene buenos pechos, pero un poco más chicos que los míos.

Me daba envidia y celos verlos tan felices mientras yo casi acababa de terminar con mi novio y lo dejé en mi ciudad natal y me vine a la capital a trabajar y a estudiar; así que aún estaba dolida, pero de cualquier manera yo me sentía liberada del yugo de la casa de mis padres y de los amargos recuerdos que dejé allá.

Decidida a disfrutar mi libertad, me iba de antro cada semana y me ligaba a cualquier chico que me gustara o cuando menos coqueteaba con ellos.

Pero en las noches, cuando regresaba al departamento que rentamos mi prima y yo era un suplicio escuchar los gemidos de placer de ambos al hacer el amor.

Varias noches y algunos días me masturbé imaginándome a Mauro haciéndome el amor salvajemente o despacio, con caricias lentas y suaves. Cada vez que podía le coqueteaba o me le insinuaba a Mauro a espaldas de Camila o cuando ella no estaba y se notaba que yo no le desagradaba a él, pues muchas veces también me coqueteó. Me encantaba ponerme falditas o shorts cuando él estaba en nuestro depa, me ponía también blusas escotadas y me aseguraba de agacharme frente a él con cualquier pretexto para que admirara mis pechos o me volteaba para que pudiera ver mis nalgas.

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Una calurosa tarde estaba yo sola en el depa limpiando, cuando tocaron a la puerta, fui a abrir y era Mauro, sentí como me desnudó con la mirada; yo llevaba únicamente un short de mezclilla y una camiseta blanca de tirantes, estaba sudada y despeinada, me dio mucha vergüenza que me viera así, pero noté como me miraba morbosamente y el paquete dentro de su pantalón empezaba a crecer, pero lo disimuló. Me preguntó por Camila y le dije que aún no llegaba del trabajo, me extrañó que no lo supiera, pues trabajaban juntos; pero él rápidamente me explicó que el no había ido a trabajar porque pidió un día a cuenta de vacaciones y fue a hacer unos trámites personales.

Como ya nos teníamos confianza, él entró y se sentó en el sofá, le ofrecí un refresco y me dijo que sí, le dije que podía prender la TV pero él me dijo que estaba muy acalorado y que quería bañarse; me preguntó que si podía bañarse y le dije que si, pues ya lo había hecho varias veces antes.

Mauro se metió al baño y yo fui por su bebida a la cocina; pensé que esa era mi oportunidad, yo sabía que Camila tardaría en llegar aún, pues poco antes me había llamado para avisármelo, pues tenía que terminar un trabajo.

Así que tomé el vaso con la bebida de Mauro, esperé a escuchar el agua de la regadera correr y entonces toqué; cuando el preguntó, le dije que le llevaba su bebida; él me contestó que se la dejara en cualquier lugar; entonces yo entré al baño y coloqué el vaso en una repisa; me quedé unos segundos escuchando el agua y viendo la silueta de Mauro desnudo detrás de la cortina de baño y pude ver que tenía un pene de buen tamaño, tal como a mí me gustan.

Le grité si deseaba algo más y el contestó que nada, gracias, pero yo insistí y le dije con la voz más sensual que pude: "¿De verdad no se te antoja algo más?" El comenzó a entender mis intenciones y me siguió el juego; me contestó: "Pues lo que tu quieras darme". Entonces me decidí y sin más abrí la cortina y lo vi totalmente desnudo, mojado y un poco enjabonado. Me admiré aún más de ver a ese ejemplar masculino tan hermoso y bien formado; no le di tiempo a reaccionar, me incliné ya abrí la boca, introduje su miembro en ella y empecé a chuparlo, mojándome la cabeza, el cuello y parte de la espalda.

Mauro no dijo nada, se dedicó a gozar de la mamada que le hacía y empezó a gemir de placer. De repente sentí como él me bajaba un poco el short y buscaba introducir un dedo en mi ano, pero no lo consiguió.

Lo estuve chupando unos minutos y luego me levanté, me metí a la regadera con él y le repegué mi playera mojada mientras terminaba de bajarme el short por completo. Mauro me sacó la playera por encima de la cabeza y fue bajando por mi cuerpo, besando y acariciando todo mi cuerpo, se detuvo un momento en mis pechos mientras sus manos bajaban hasta mis piernas y subían hasta mis nalgas y mi entrepierna, empecé a sentir como mi vagina se mojaba llena de excitación.

Pero lo mejor llegó cunando Mauro bajó más y llegó con su boca hasta mi clítoris; ahí sacó la lengua y me llenó de verdadero placer al lengüetear mi clítoris de una manera magistral, mientras un dedo suyo comenzaba a entrar en mi panochita mojada, donde encontró mi punto G, haciéndome gemir de tanto placer y otro dedo lo metió en mi ano aún apretado.

Fueron varios minutos los que él me estuvo lamiendo y masturbando y me hizo venirme tres veces. Después se levantó, me besó en la boca y me dijo: "Ahora es tu turno", entendí de inmediato y me hinqué ante él, le chupé el pene como sé hacerlo (es mi especialidad) y se que lo volví loco, él gemía y gritaba de placer mientras colocaba sus manos en mi cabeza.

Se lo estuve chupando, metiéndolo y sacándolo de mi boca mucho tiempo hasta que él gritó más fuerte y sentí como soltaba grandes chorros de su leche en mi boca; como me encanta tragarlo, lo hice.

Unos segundos después me levanté, nos bañamos juntos y salimos del baño sin decir nada todo ese tiempo; él se colocó una toalla alrededor de la cintura y yo a la altura de los pechos; nos miramos y la pasión se desbordó, nos besamos apasionadamente en el pasillo afuera del baño y comenzamos a caminar acariciándonos por todos lados, él abrió la primera puerta que encontramos, que era la de la recámara de Camila y nos arrojamos sobre la cama, totalmente desnudos, las toallas habían quedado en el camino; las caricias estaban por todos lados; él quedó boca arriba en la cama y yo me levanté sobre él, me senté a horcajadas sobre su pene e hice que me penetrara totalmente; su largo miembro entró en mi concha mojada con facilidad y empecé a moverme encima de él, que me tomó de las caderas y me ayudó a subir y bajar sobre su cosa.

El miembro de Mauro es muy largo, y me llegaba muy profundo, haciéndome sentir un placer tremendo, además de que sus manos se movían muy bien en todo mi cuerpo, lo recorrían de arriba abajo deteniéndose sobre todo en mis pechos, los cuales acariciaba y les daba pequeños pellizquitos en los pezones, lo que me agradó mucho. Cuando el me tomaba solo de las caderas, yo era la que me sobaba los pechos y me pellizcaba, incluso me los lamía a veces, saboreando el sudor que escurría de ellos, pues ambos sudábamos a mares, el calor era sofocante, no sé si el ambiente estaba así o era el calor de la pasión que ardía en nuestros cuerpos.

Yo estaba vuelta loca de placer, y él también, vi la pasión en sus ojos y como le gustaba lo que estábamos haciendo. La verdad ni me acordé que era el novio de mi prima, me dediqué a disfrutarlo.

Después de un rato que estuve cabalgando, él me pidió que me bajara, me colocó en cuatro sobre la cama, viendo de frente al espejo del tocador; Mauro se colocó detrás de mi y me penetró con fuerza desde atrás, vi en el espejo su cara de satisfacción y un poco sádica, con una sonrisa chueca y mordiéndose el labio inferior, con su mirada fija en la penetración que me hacía. Luego me vi en el espejo, mi cara era de una total satisfacción y pasión, tenía el cabello sobre la cara y me lo quité para verme mejor; me encantó ver mis pechos bamboleándose al ritmo que marcaba Mauro. Me sostuve con una mano mientras con la otra me acariciaba el clítoris para gozar más.

El orgasmo llegó a mí como un torrente, todo mi cuerpo empezó a temblar incontrolablemente, los espasmos se sucedían uno a otro y grité con fuerza, gozando de la tremenda cogida que el novio de mi prima me daba. Él seguía entrando y saliendo sin parar, sudaba a chorros y me veía por el espejo. Sonrió y me dijo: "¿te gusta verdad?" Yo no podía hablar, con trabajo pasé saliva y le contesté con un "si" apenas audible, pero moviendo mi cabeza con fuerza en señal de aprobación.

Mauro se detuvo y sacó su miembro de mi vagina, me preguntó: "¿Te lo han hecho por el culo?", "no" mentí esperando que fuera suave conmigo y nos e diera cuenta de lo puta que he sido y con cuantos he cogido por ahí. "Pues ahora lo vas a sentir", me dijo, tomando de nuevo el lubricante y embadurnándose el pene y mi ano también. No respondí, esperaba con ansia que me lo metiera por ahí.

El duro y largo pene de Mauro empezó a entrar en mi culo lubricado, me mordí los labios para no gritar del placer que me estaba dando; ahora entendía porque Camila hacía tanto ruido cuando cogía con él

Poco a poco, despacio, el miembro de Mauro se abrió paso entre las paredes excitadas de mi culo, abrí la boca para tomar aire, sentí que me partía en dos cuando me penetró totalmente. Él empezó a bombear, adentro ya afuera, adentro y afuera, primero despacio, luego más rápido y cada vez más rápido, haciéndome sentir que me venía de nuevo y así fue… Otro orgasmo llegó a mí con tal fuerza que creí que me desmayaría, no pude sostenerme más y me tendí boca abajo sobre la cama, mientras Mauro me seguía embistiendo con fuerza; alcancé a ver su cara en el espejo y se veía transformado, parecía un loco con los ojos desorbitados y los dientes apretados, me dio un poco de miedo, pero decidí dejarlo terminar sin decirle nada, aunque empezaba a rozarme el culo.

"Ay, ay, ay" dije de repente sin pensar. "¿Te duele?" preguntó él, "un poco" contesté, "Muy bien, así me gusta"; me sorprendió su respuesta, pero decidí seguir sin moverme, tumbada en la cama hasta que él terminara, lo cual sucedió muy pronto, unos segundos después Mauro soltaba grandes chorros de semen dentro de mi culo, haciéndome sentir que me llenaba los intestinos; ambos gritamos, él más fuerte que yo y por el espejo vi como él se retorcía de placer.

Luego Mauro se tumbó a un lado mío sobre la cama, sudando y agotados los dos. Nos besamos en la boca y me levanté, fui hacia el baño levantando las toallas y mi ropa, mientras Mauro me veía y me preguntó que hacía. Le respondí que Camila no tardaba en llegar. Él se levantó también, tomó su ropa y se vistió.

Me fui a mi recámara y unos minutos después escuché que Camila llegaba. Yo no podía enfrentarla, así que me quedé encerrada. Escuché que ella se alegraba de ver a Mauro, supuse que se besaron y se quedaron platicando. Yo me dormí hasta el día siguiente.

Cuando desperté, ya Camila había preparado el desayuno y Mauro no estaba, le pregunté por él y me dijo que no se quedó la noche anterior. Por la actitud de Camila me di cuenta que no sospechó ni se enteró de nada y hasta la fecha no lo sabe. Ella terminó con Mauro poco después, pero él y yo seguimos viéndonos de vez en cuando y teniendo sexo pasional y maravilloso.

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jimbox
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June 4, 2018
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